Fundamos Duarte & Vega con una premisa simple: que una pyme no debería tener que explicarle el mismo problema dos veces, a dos estudios distintos.
Fundamos Duarte & Vega en 2011, después de seis años trabajando cada uno por su lado —Marcela en auditoría, Ignacio en el área legal de una empresa de logística— viendo el mismo problema una y otra vez: el contador y el abogado de una pyme casi nunca se hablan entre sí, y el dueño de la empresa termina de intermediario entre dos criterios que a veces ni siquiera coinciden.
Hoy trabajamos con un límite deliberado de clientes activos. Lo suficiente para conocer el nombre de cada persona que liquida sueldos en tu equipo; lo bastante poco para no tratarte como un número de expediente. No es una frase de marketing: es una decisión operativa que tomamos cada trimestre, cuando revisamos cuántos clientes nuevos podemos sumar sin que baje la calidad de atención de los que ya están.
Eso significa que no somos el estudio más grande de Palermo, ni pretendemos serlo. Preferimos ser el estudio que contesta un email en el mismo día, que te avisa un vencimiento con dos semanas de anticipación en vez de una, y que se sienta con vos una vez por trimestre a mirar los números en conjunto —no solo a entregarte una carpeta con el balance del período.
Trabajamos con talleres metalúrgicos, estudios de software, distribuidoras, profesionales de la salud y traductores independientes. Empresas chicas, en general, con problemas que no son chicos: liquidaciones de sueldo que hay que hacer bien la primera vez, sociedades que hay que constituir sin cláusulas que después generan dolores de cabeza, y balances que un banco o un socio inversor va a leer con lupa.